En una pompa de jabon, ligera y arrastrada hasta el infinito. Ahi es donde querria estar para no tener que sentir nada mas, para perderme en el olvido y no añorar un pasado borroso que, con todo mi corazon, querria que fuese mi presente y mi futuro.
Si no doliera tanto, seria hasta gracioso, ¿no creeis? Hasta yo sueño con perderme en la nada y en cambio, aqui estoy, escribiendo una carta, la mas dificil de mi vida, que no se si tendre el valor de enviarte algun dia. Eso es lo que me ha faltado, ¡el valor! ¿Recuerdas nuestro primer encuentro? Cuanta dulzura habia en tu abrazo. "Te amo", me gustaria oirte ahora decir aquellas palabras con la misma firmeza, poder perderme, aunque solo sea una vez mas, en aquel abrazo tuyo...

martes, 2 de noviembre de 2010

Cruda realidad. From mum.

La miro desde el umbral de la puerta de la habitación, me acerco y con cuidado beso su frente.
Permanece en aquella cama resignada, se aburre, pero lo resiste, lleva un pijama amarillo, uniforme de hospital.
Su largo pelo llega casi a la cintura, sus bellos ojos azules, grandes, rasgados, se vuelven a veces tan inexpresivos y quisiera preguntarle cuanto le da la vida de felicidad.
Pero sé que nada dirá…
Su cuerpo se va quedando delgadito y las horas pasan sobre ella, con la esperanza de salir de esas cuatro paredes y correr como todas las de su edad, las niñas que comienzan a amar…
Para que en ningún momento no esté sola, la acompañamos, pero ella vive rodeada de gente, en la compañía de la soledad, porque se guarda en su silencio y es infranqueable.
Quisiera a veces preguntarle que muerde por dentro, pero sus ojos tan penetrantes detienen cualquier intento.
En su brazo dolorido, una vía directa a su vena, que olvido el mío al tocarla aquel día y que lamento…
Con un esmalte morado pinté sus uñas, para que luciera aun más bonita de lo que ella es y entonces sacó una caja de bombones y agradecida me los ofreció.
La miré entonces con ternura, tiene la bondad y la dulzura en su alma, pero se resiste a mostrarla, para que nadie más pueda hacerle daño.
Un gran balcón da luz a esa habitación, pero ella la ignora, quieta en la cama que la atrapa, se opaca y me mira, parece preguntarme ¿ por qué a mi?
Quisiera llevarla por los aires, a recorrer todo ese mundo que la espera, que pretende conocer.
Entrara en aquellos países para lo cuales se prepara estudiando tantos idiomas, con la ilusión diaria, con el esfuerzo de superarse.
Sus manos finas acarician desde allí a su piano, que tantas veces alzaron las notas al aire, el ébano y marfil que sin ella ahora están.
Penas de amores la consumen, amor que tanto ama, amor que libre está y en ese silencio atrapa las letras del nombre de aquel, que aun es su corazón está.
Peino su largo y lacio pelo, tan tupido, tan hermoso, con algún reflejo minúsculo de haber querido ser rubia y en la parte alta lo ato, para que no le dé calor.
Me mira, sus ojos parecen fríos, hirientes, pero sé que no es así, porque detrás de ese coraza que ella misma creó, están los ojos de alguien, a quien le fue concedido el atributo de ser noble y bondadosa.
La niña enlanguidece, sus libros en un pequeño armario, al frente una televisión que poco la entretiene y hacia la puerta su mirada vigilante, esperando ver a tantos que la queremos y si acaso con nosotros, viniera a verla su amor.
Me enfrento a la vida y le grito, déjala ya, no maltrates a esta niña, que nada malo quiere hacer.
Me trago tantas lágrimas cuando a su vera estoy, para hacerle entrever que soy tan fuerte…
Pero… la niña enlanguidece y ya no sé que voy a hacer.
¿ Qué le regalo a la niña? muñecas ya no las quiere, ni jugar con las ollitas, no quiere libros de cuentos, ni que la llenen de mimos.
Quisiera vestirla de reina, verla reír sin cesar y ataviada con lo más bonito del mundo, volara como una hermosa golondrina, extendiendo sus alas y ellas portaran las flores que le brindara la alegre y linda primavera.
Pero nada puedo hacer, porque su corazón tiene mal de amores, que a la niña hacen entristecer.
Daría años de mi vida por verla siempre dichosa, porque me parte el alma saber que está triste, cuando debiera ser tan feliz.
Pero... ¿a quién le pido el milagro? si nadie lo habrá de conceder, la niña tiene tristeza de amores, que la hacen enlanguidecer.

- Que ella sea capaz de verlo tan bien... A veces pienso que no le hago el caso suficiente.

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